miércoles, 18 de julio de 2012


La sonrisa de Ichi-nii, los juegos de Nacho, la espalda de Guille y el instinto protector del otro Guille (del que se fue),  la honestidad de Kalvin, la ternura de Santi (y los consejossantianos), los labios de Jorge, el alma del Manu (Doctorcito, un todo en ti mismo), los sueños de Cristian, el humor de Rubén. El ingenio (y los dorsales) de Jon, la paz de Jani, la sencillez de David, la sinceridad y confianza de Richi, el recuerdo de Alberto, la elegancia de Carlos, la fe del Adrián, la entereza de Serra, la inteligencia (desaprovechada) de Miguel Ángel. La voz del chico que pasea a los perros cada verano bajo mi balcón, los ojos del Bona, la voluntad caprichosa de Miguel, el calor del Maldito.

Nadie les conoce a todos, solamente yo, nadie sabe el por qué de cada uno de sus rasgos, sólo lo sé yo. Si pudiera captar su esencia, la de su rasgo más bonito y juntarlas todas. No habría un ser más absolutamente maravilloso en esta tierra.

Así que estoy agradecida, porque existan todos y cada uno de ellos, por poder tenerles, aunque sea sólo de una forma ínfima y circunstancial y disfrutar de cada una de esas virtudes. Todas tienen algo de especial.
Todas son un punto luminoso. Ellos tienen ese "algo" que destaca entre los demás. Ojalá pudiera capturar esos detalles.
Ojalá no los pierdan jamás.

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