jueves, 3 de mayo de 2012




El mundo es un laberinto multicolor lleno de serpientes. De serpientes, bichos y sombras venenosas.
La belleza del mundo es un cobijo perfecto para las amenazas, el amor y el cariño son espejismos que las esconden.
Deslízate. Huele mi suave piel como si pudieras tocarla. Como si quisieras atravesarla y que tu veneno formase parte de mi ser. Acéchame, planea tu ataque. Crécete, intenta darme miedo.
Todos sus intentos fallarán. Todos. Los mejores planeados serán más frustrantes. Todos sus mordiscos fallarán. Todos. Los que esperaban ser más dulces serán los más amargos.
Todos.
Porque su riesgo relativo no existe en mi universo. No existe desde que aprendí a volar. 
Cada una de esas serpientes, cada una de esas sombras, cada bicho traicionero se convirtió en cenizas cuando aprendí a volar.
Mírame de lejos. Mira mis pies elevarse del suelo. Sólo estuve caminando un tiempo, para ser objetivo, para ser meta, para ser blanco... imposible.


No daña el que quiere. Si no el que puede.
Y tú no puedes.

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