viernes, 29 de junio de 2012



Soñar contigo es un lujo que aun puedo permitirme, porque tú en mí eres atemporal.
Mientras duermo somos quien debimos ser si el tiempo no nos hubiese robado la vida. Si hubiéramos podido llevar a cabo todas nuestras fechorías.
Sé que la realidad que hoy vivimos nos mantiene lejos, como casi siempre hemos estado, pero existe ese vínculo invisible, tácito, que siempre hace que tú estés ahí, vagando en mi mente, cada vez con una forma distinta, pero siempre con la misma esencia.
Eres ese maldito recuerdo inventado, Belcebú. El demonio de todos mis sueños. El que puede curarme el cuerpo y el alma. El que aun de vez en cuando me roba el aliento.
Me gusta que sigas ahí. A un palmo y medio de la curiosidad. Al fondo del pasillo a la derecha, donde no te veo, pero sé que estás.
Cuando vives en un sitio que corre tan deprisa, acabas por amar las cosas que permanecen. Acabas por sentir que son parte de ti porque siguen recordando tu nombre.
Tu aroma.
El color de tus mejillas (o casi tus mejillas).
He fabricado una historia entera con alguien que es un conjunto de imágenes, poesía, canciones e ideas. Alguien que es esbozos de gustos y delirios. De sueños. Una mezcla como quise. A mi medida, de quien realmente eres.
Y me gusta.
Por eso puedo permitirme el lujo de seguir soñando siempre contigo. Porque tú sueñas conmigo. Porque somos así.
Malditos.

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