sábado, 11 de junio de 2011


Elévate.
Despídete del suelo y elévate.
Siente la ingravidez en la boca del estómago.
El mundo se despide de ti, está muy lejos. Lejos. Allí abajo. La suerte se divierte entre las nubes, ahora puedes pasar a través de ella.
Siente el rugido omnipotente de la libertad.
Un paso más hacia un abismo azul y eterno. Azul y eterno. No habrá más barreras que te dejen fuera, ni que te encierren. Nunca más.
Libre.
Eres una hoja de otoño en una brisa cálida y húmeda.
Sé feliz. Sé feliz.
Un balanceo melódico entre las nubes. Elévate. Olvida la sensación del peso, del tiempo, de tus huesos. Olvídate.
Ser o no ser uno con la inmensidad.
Eternamente.
Con las alas de hermes en los tobillos, sus manos ya no pueden agarrarte. Sus cuerdas ya no pueden sujetarte. Sus normas ya no pueden oprimirte.
No eres aquí.
Nunca más.
Elévate.
Sumérgete en el cielo.

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