viernes, 24 de junio de 2011


He jugado como si la victoria no me importase. He jugado por el puro placer del juego, por el ansiado rival.
He pasado mil días descifrando las pistas de este laberinto, intentando dar pasos hacia delante sin quedarme encerrada, sin perderme, siguiendo el eco de tus pasos hacia el final.
Me he sentido mil veces en un binomio, donde tú y yo éramos tú y yo y el mundo entero nos desconectaba. Porque nadie nos entendía así. Así no.
He estado al borde del abismo del sí y de no, recordando que el orgullo nunca es tan importante. He cerrado los ojos y soñado con que todo fuera como yo pensaba.
En este juego.
Creí entender las reglas, pero no fue así, ahora ya no sé si juego contigo o contra ti. En el fondo es eso ¿No? El sí, pero no eterno, el eterno juego al que nadie más sabe jugar.
El tiempo pasa y el salón de casa se empieza a quedar pequeño para esta pieza, para este tablero.
Siempre he sido una gran jugadora, estratega, que dentro del juego hace lo que sea por continuar, por triunfar, por ganar. Pero nunca he sabido cómo dejar que jueguen conmigo.

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