miércoles, 15 de junio de 2011


Entra la luz del sol por la ventana.
Antes el tiempo no pasaba tan rápido, pero ahora es verano y a estas horas ya ha amanecido.
La vida se acelera cuando pasan los años, como un bólido cuesta abajo.
Dame una rutina y una cama y yo sabré esperar.
Pero ahora, cada amanecer, parece que el reloj se detiene. Para verme respirar.
Veo una silueta dibujada en la ventana.
Pensando.
Todos mis sueños están esperando.
No es más que una sensación vestida de contorno. Sin nombre ni rostro. Pero tiene el poder de detener mi tiempo.
Ahora que todo está casi en su sitio, un momento de desaliento es necesario. Un vuelco al corazón sin previo aviso. Una patada en el estómago que más que doler, impresiona.
Un sentimiento intenso, diferente. Una fecha. Un antes y un después de incógnito.

La brisa aun corre fresca entre los recovecos de una casa casi llena y hace remolinos.
Todas las alarmas vuelan por la casa. Todas las expectativas. Todos los quehaceres rutinarios se han quedado en pausa.
Tócame y transpórtame.
Llévame con la pálida luz de la mañana.

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