lunes, 13 de junio de 2011


María mira al cielo porque quiere volar.
Quiere recomponer sus alas de cristal.
No imagina un mundo finito e imperecedero y lucha consigo misma para no mandar todo al carajo y levitar.
Tiene el cielo en sus ojos y un universo dentro. Necesita encontrar el lugar perfecto para demostrarlo. Necesita un empujón más, sólo uno, para explotar en unas grandes alas de plumón marfil.
María mira al cielo y piensa:

- Llegaré -

Es una parada más en este viaje. Las posibilidades son eternas y, aunque el mundo esté en contra, no habrá quien corte mis pasos para continuar.
Mi voz, susurra en el viento "nada es imposible".
Dejar atrás las cadenas, todas (hasta las que tienen nombre propio) y reconocerle al mundo que todo ha sido hasta ahora sólo "suficiente".
Todo lo demás está por llegar.

María mira al cielo y sólo tiene pensamientos inconexos.
Una bruma blanca.
Orquídeas.
El amanecer.
Una enorme cama con dosel.
Cantar.
Azul.
El cielo azul.

Cambiar el concepto. Ahora los seres sin alas también pueden volar.

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